La disciplina como rasgo distintivo del carácter
Leonardo Da Vinci despierta la mayor admiración ante la manera en que desarrolló sus talentos y capacidades haciendo gala de una inteligencia evidentemente notable. Se podría caer fácilmente en la tentación de decir que cualquiera podría lograr notables progresos si se contara con tan excepcionales talentos, como con los que contaba el gran maestro Florenciano.
Sin embargo, en medio de tantas sabias y profundas reflexiones, el maestro Leonardo Da Vinci mencionó en una de ellas esta sentencia: “Estimo a la disciplina por encima de cualquier don, de cualquier talento, de cualquier cualidad” Y esta es una reflexión por demás, sorprendente.
Este pensamiento viniendo nada más y nada menos que del Maestro Leonardo Da Vinci es extraordinaria, pues un hombre que como él, contaba con dones excepcionales que supuestamente lo ubicarían por encima de cualquier mortal, dice que la disciplina es más importante que tener el don más sublime, la cualidad más sublime, el talento más sublime.

Esto nos permite traer otra bella reflexión: “Tener talentos, tener dones, tener cualidades no es suficiente” pues de qué nos sirve ser depositarios de talentos maravillosos como el gran Floreciano Leonardo Da Vinci si no los usamos.
Aunque paradójico hay muchas personas que se destacan en el mundo deportivo, de las artes, de la ciencia, de la administración y que no son tan talentosas como otros que en esas áreas tienen de sobra muchas más capacidades.
Hay quienes están mucho más dotadas que otros que son destacadas personalidades en ciertas áreas. ¿Cómo gente con menos talento llegan a encumbrarse por encima de otros que sí tienen grandes capacidades en esas áreas en las que aquellos tienen menos resultados que aquellos otros?
La diferencia está en la disciplina, la tenacidad, la perseverancia. Hay quienes tienen un talento único para la música, pero no están dispuestos a someterse a entrenamiento de 12 horas diarias o más durante años para perfeccionar esa cualidad. En cambio otros con mucho menos capacidad sí lo hacen. Esta manera de actuar genera diferencias contundentes de formas excepcionales.
Hay personas muy talentosas que no tienen nada que hacer frente a personas menos talentosas que ellos, básicamente porque el primero no ha pulido a través de los años esas increíbles capacidades que nunca ha usado, que el segundo sí.
Tener una habilidad podría ser una ventaja. Sin embargo lo que la hace importante es desarrollarla. Y perfeccionar una habilidad requiere tiempo y mucha dedicación, cosa que muchos “Virtuosos” no están dispuestos a hacer.
El desarrollo de una habilidad implica la aplicación de un rasgo del carácter: La disciplina. La disciplina es una característica que está a la mano de cualquiera y que cualquiera a libre discreción la puede usar. La permisividad también es un rasgo del carácter. Individuos que débiles son sometidos al vaivén de la inmadurez difícilmente obtendrán logros valederos e importantes en sus existencias.
La invalidez es la mutilación consciente de los talentos, las capacidades, es la negación al desarrollo del ser, negándose la posibilidad de encumbrarse sobre sí mismo en un constante crecimiento que desplegará lo mejor de cada quien de formas excepcionalmente insospechadas. Pero no es gratis.
Tener el don, tener el talento no es suficiente. Hay que desarrollar esas habilidades y eso requiere de disciplina, perseverancia, tesón.
Artículo tomado del periódico EL FRENTE // http://www.elfrente.com.co
Artículo escrito por: Héctor Leonardo Mora Santiago // Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla
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